26 may. 2010

Aquel cigarrillo...

Recuerdo que tenía aproximadamente seis años de edad, en las tardes miraba como mi padre disfrutaba aspirando el humo del cigarro, recuerdo tambien la caja de cigarrillos con su tira color rojo y una dorada. Era una costumbre diaria, él se sentaba en un sillón a fumarse un cigarro, yo ponía especial atención en el ritual que hacía: primero sacaba la caja de cigarrillos de la bolsa derecha de su guayabera, en la izquierda estaban los cerillos; encendía uno, lo ponía bajo el cigarro, a continuación lo aspiraba y el humo hacía diversas figuras al salir de su boca. Cada vez que una cajetilla de cigarros se acababa, me regalaba el papelito dorado que los envolvía.


Una tarde, mi hermano y yo jugábamos, él dos años menor que yo siempre copiaba mis juegos. Recuerdo que vi en el asiento del sillón de mi padre la caja de cigarros, junto a ella los cerillos. Encendí el cigarro y lo traté de aspirar, pero no me supo a nada... lo había apagado con mi saliva. Volví a encender el cerillo, mientras mi hermano atento a mis movimientos no se apartaba de mi; tomé otro cigarro, encendí, aspiré... ¡guaaaccc! hasta hice gestos era un sabor nuevo nada agradable. Mi hermano dijo - A ver, yo... le dí el cigarro, él también hizo gestos. Pero aún asi no nos dimos por vencidos, seguimos intentando encontrar el porque nuestro padre lo disfrutaba tanto. Continuamos los dos con el mismo cigarrillo, una vez fumaba yo, luego él... medio cigarro después mi madre nos descubrió. Los gritos no se hicieron esperar...
 
Szív Márquez