8 jun. 2014

I


Jamás pregunté por los silencios,
una noche lluviosa el alma  vagó por la inmensidad.
Quizás fue la lluvia o  probablemente la claridad ceremoniosa de otro silencio. 
La fluidez del agua o las ondas de su fuerza cristalina.

Ahora comprendía las ondas dulces y tranquilas del iris
que recordaban aquél lago junto a un ciprés.

Fuí capaz de viajar a través de tu mirada, 
llegué a un pueblo de escalones antiguos y paredes viejas.
De calles empedradas y caminos de tierra. 
Un pueblo inusual de travesía sin fin.

Escuché el canto de aquellos ojos.  A través del eco de la lluvia pude mirar tu danza a lo lejos. 
Como si despertará de un sueño encontré  mi alma vagando dosmil años en un edén.
Tu edén de campos verdes y lagunas cristalinas.


Szív Márquez.