22 sept. 2014

Resurrecciones...

Tengo la sospecha, en mi interior la vida me lo grita. Es como si hubiera muerto y resucitado seis veces. La primera a los cuatro años, con aquel robachicos, ¿acaso morí? y entonces mi cielo fue continuar, crecer sin darme cuenta que un cuerpo de cuatro años había muerto. La segunda muerte fue a los nueve,  estaba jugando en la casa de una vecina cuando caí de las escaleras, recuerdo los gritos de la señora. Cuando desperté me dijo que había estado inconsciente por más de media hora...  mi tercer muerte fue  en el 2007, la más desgarradora. Fue una muerte muy sentida, esa marcó mi espíritu, el miedo a la noche, miedo a andar a deshoras fuera de casa... mi cuarta muerte fue en el 2012 un coche blanco que no respetó el semáforo. Sí,  seguramente era mi cuarta resurrección porque sólo un milagro pudo haberme salvado de aquel atropello. Recuerdo claramente la calle vacía, yo cruzando y de pronto, de la nada aquel coche que venía veloz hacia mí, la mente  en blanco y como si algo se interpusiera entre el coche y yo, a sólo unos centímetros, "se detuvo, giró y siguió su carrera" cosas de la relatividad supongo... la quinta muerte la tuve en  un  taxi a punto de chocar con una camioneta ¿Acaso el taxi realmente chocó y mi realidad sólo es una continuación más de mi alma?, la sexta en el 2013, el coche de mi tío que por poco y cae a un barranco en plena autopista con toda la familia dentro,  fue un milagro encontrar un espacio a la orilla de la carretera y que ningún otro coche viniera detrás ni adelante ¿o acaso todos caímos al barranco y todo esto es sólo la ilusión de la vida que sigue su curso?

Llevo seis muertes, seis resurrecciones en las que he logrado apreciar mis ojos, mi voz, mis manos, el equilibrio que me da el oído, mi familia, mi sol, mi cielo, la tierra, el espacio de la naturaleza que habito, mi casa, el aliento. Pero sobre todo,  esas seis muertes me han llevado a apreciar al Ser Humano. Cada vez que camino, cada vez que resucito observo mi imperfección,  es cuando amo más la vida, me descubro parte de la naturaleza, no fuera de ella.

¿Cuántas veces he muerto?¿Cuántas resurrecciones he tenido? ¿Cuántas pieles he dejado atrás? En cada golpe, en cada herida, la vida continua. Hoy amo la lluvia más que cuando tenía cuatro años, el sol que se levanta detrás de la montaña, las constelaciones, sobre todo la de Orión que parece hablarme desde lo alto.

Parafraseando a Octavio Paz:  Dentro de cada ser humano existe aquel tallo con dos flores gemelas. Quizás después de todo vivir o morir no sean las caras de dos mundos contrarios. 

Szív Márquez.