11 nov. 2011

Aunque los sueños se compongan de nada o de polvo cósmico es bonito alcanzar estrellas de vez en cuando.

Szív Márquez

Eternidad

Ahora tenía sentido esa sensación de estar repitiendo un ciclo de vida.Como si en algun curso anterior hubiera dejado inconclusa alguna asignatura. Ahora entendía el aburrimiento, las respuestas acertadas sin usar acordeón, el sentimiento de tener un siglo de edad cuando las pruebas biológicas decian todo lo contrario. Había algo que su mente no recordaba:exactamente cual era la asignatura en la que había fallado.

Szív Márquez



10 nov. 2011

Abrió la puerta y se asombró al observar el camino: Enmedio de la aparente nada había una fila de puertas abiertas invitándola a entrar y descubrir mundos infinitos. El reto era dar el primer paso desafiando la gravedad. La pisada hizo que su cuerpo se tambaleara un poco, creyó caer al abismo pero pronto aprendió el truco: debía posar su mirada en un punto fijo. Sus huellas se convirtieron en polvo cósmico. A su paso sobre el planeta Tierra, la gente aseguraba haber visto a lo lejos un cometa.




Por momentos, el personaje tenía la sospecha que de un momento a otro el escritor lo mataría a la vuelta de la página. Así que decidió hacer tonterías, daba igual un renglón más, un renglón menos. En el escenario menos imaginable estaba seguro encontraría la palabra que daba pavor hasta al personaje más optimista: FIN. Szív Márquez


9 nov. 2011

MICRORRELATO

No era la primera vez que soñaba con aquel cementerio, los azulejos de color azul pálido, los grandes nichos, las lápidas sobrepuestas una sobre otra. Tenía prohibido atravesar la calle para cruzar el portal, lo curioso era que aún sin entrar conocía todos los pasajes secretos, cómo burlar al guardia, el color de la pared del segundo pasillo, más allá de la entrada, incluso podía abrir el porton negro con los ojos cerrados... Szív Márquez


Boby dió un salto y al momento se escuchó un grito casi humano. Los vecinos salieron a mirar la noche, los perros ladraban en una esquina de aquella casa. - ¿Y eso qué fue?- preguntó Don Hilario - Debió ser un duende, ya ve que tiraron ayer el arból donde habitaban- comentó Gertrudis. Boby dejó de ladrar, el cachorro y su madre eran los únicos testigos de aquel ser nocturno que ahora miraba a Don Hilario y Gertrudis fíjamente.


 Szív Márquez